Para Yatziri

Del fósforo rojo al fósforo blanco por el sometimiento en la pared de una caja de cerillos, nace la llama nueva que ha de encender una vela para esta niña.

Hay más esfuerzo en esta plegaria que en las razones del supuesto “amor” con que fue concebida, los rezos llaman a que sanes pronto pequeña niña, más pronto el cuerpo, pero también el alma.

¿A qué vienes a este mundo? No alcanzo a comprenderlo, del mismo Dios he dudado, me extraña esta acción que permitiera a un ángel de su rebaño. A esa edad no hay karma, ni angustias, ni dolor, ni lamento, no pienso en un Dios que te castigue. Dime entonces ¿por qué vienes a enseñarnos lo que no se debe hacer desde tu sufrimiento?

Pequeña mujer que te desvaneces pronto, eres como esta flama que he prendido por alguien que no conozco, pero me duele tanto. Tan frágil, tan pequeña, tan solitaria y tan llena de luz.

¡Oh, linda mujer! pequeña flama yerta de espíritu. Vives sin amar, lloras porque no sabes ni conoces el amor real.

Muchos como tú vienen por un corto tiempo a padecer el hermoso resplandor de la vida, no son culpables ni responsables de los actos de quienes no pensaron serían malos padres y con sus vidas nos enseñan lo peor de la maldad.

¿Qué sabes tú del amor, niña bonita? ¿Acaso lo conoces?

¿Qué sabes de la solidaridad?

¿Acaso conoces la justicia?

Todos los que debían amarte te desean muerta, vale más tengas la confianza puesta en un desconocido que sufra tal vez, el lamento de tu silencio que se arropa solitario entre las frías sábanas de un hospital.

¿Quiénes quieren ayudarte ahora?

Cuellos blancos que no reconocen su falta de conciencia, que vienen de esos mundos donde la respuesta está en los malos resultados, en lo inevitable, en encontrar desmembramientos y tapar hoyos.

Pregúntale desde tu cama,

ahí donde estás herida

Con el corazón en tus manos

Maltrecho de tanto lamento

Pregúntale a quien te ve tirada

¿Cómo ha de ayudarte ahora?

El que gobierna busca culpables

Y todos miran su orden ahora

Que no le tiemble la mano

no sólo para los familiares

Muchos son cómplices de omisión, mi niña

¡Rasque por donde pueda señor gobernador, saque de las entrañas del infierno a quienes no la escucharon antes!

En medio de una pandemia que aterroriza a los que sobreviven, prevalece un virus peor que el que está cegando miles de almas a este mundo, del que muchos saben y muchos ocupan, se llama violencia y vive en cada corazón humano, algunos son asintomáticos otros mueren y dan muerte al descubrirlo.

A los siete años se corre por los parques y se disfruta del viento.

A los siete años se espera un rico pastel de fresas para partirlo en tu cumpleaños.

A los siete años se espera un beso de la madre y del padre antes de dormir.

A los siete años las risas y el rostro relleno de felicidad es el estandarte de una infancia sana.

La vela se enciende para ti Yatziri,

rezan mis labios para que conozcas la belleza del mundo, te falta mucho por descubrir, hay mucho más que vivir ¡sana pronto pequeña llama… pequeña mía!